El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Archivo de publicaciones en septiembre de 2015

Homilía para el 26º domingo ordinario 2105

Colaborar al Reino de Dios

Al reunirnos para la celebración dominical de la Resurrección, el Señor nos alimenta con el doble pan, el de la Palabra y el de la Eucaristía. La Palabra nos prepara para la Comunión y tanto una como la otra nos impulsan a salir a la misión. En el Bautismo y la Confirmación recibimos al Espíritu Santo para dar testimonio de Jesús, con la Eucaristía nos alimentamos para sostenernos en esta tarea. ¿Realizamos la misión y animamos a otros a realizarla, sobre todo en la familia?

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Homilía para el 25º domingo ordinario 2105

Proyecto de vida

Después de recibir a Jesús en palabras de san Marcos, podemos reflexionar sobre nuestra vida para prepararnos a recibirlo sacramentalmente en la Comunión. Por lo que escuchamos en el Evangelio, tanto el domingo pasado como hoy, no coincide el proyecto de vida de Jesús con el de sus discípulos. Hay que ver si no nos está pasando lo mismo. Jesús les hablaba de la entrega total de su vida hasta morir en la cruz y ellos discutían quién era el más importante de todos.

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Homilía para el 24º domingo ordinario 2105

Pregunta e invitación

Al hacerse presente entre nosotros, en este domingo Jesús nos hace una pregunta y una invitación. Son las mismas que hizo a sus discípulos por el camino y que acabamos de escuchar en el texto del Evangelio. Pensar en nuestra respuesta nos ayuda a prepararnos para recibir a Jesús en la Comunión. La pregunta es sobre lo que decimos de Él y la invitación es a seguirlo en su camino hasta la cruz. Esto está ligado a nuestra vida cristiana. ¿Qué y cómo le respondemos?

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Homilía para el 23er domingo ordinario 2015

Abrir los ojos, soltar la lengua

Al igual que el hombre sordo y tartamudo del Evangelio, en este domingo nos encontramos personal y comunitariamente con Jesús. Él no sólo nos toca para que se nos abran los oídos y se nos suelte la lengua, sino que se dejará comer para llenarnos de su fuerza, por lo que éste se convierte en un encuentro sacramental que nos transforma en testigos suyos, en trabajadores del Reino, en misioneros incansables. Sólo falta reconocer que tenemos necesidad de Él.

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