El Puente

Diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México

Archivo de publicaciones en noviembre de 2012

Homilía para el domingo de Jesucristo, Rey del Universo 2012

Rey que sirve Textos: Dn 7, 13-14; Ap 1, 5-8; Jn 18, 33-37.

Jesús aparece en el interrogatorio a que Pilato lo está sometiendo. El punto de juicio, y de acusación de los Sumos Sacerdotes y los fariseos, era que se proclamaba rey. Jesús no negó su condición real, pero aclaró que su modo de reinar era diferente a los reinados de este mundo. Jesús no era un rey que dominaba, oprimía, que contaba con muchos esclavos o sirvientes, que tenía un palacio, un cetro, un trono y una corona de oro; Él reinó sirviendo a su pueblo.

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Homilía para el 33er domingo ordinario 2012

El buen fin Textos: Dn12, 1-3; Hb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32.

La Palabra de Dios que se ha proclamado nos orienta en relación al buen fin. No se trata del que promueven los comerciantes para estos días con tal de obtener más ganancias, sino del que Jesús nos propone como discípulos suyos. Los textos nos llegan de manera oportuna, sobre todo teniendo en cuenta dos situaciones: una, que estamos a finales del año litúrgico; y la otra, que se ha anunciado que, según predicciones de los mayas, este año se acabará el mundo.

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Homilía para el 32° domingo ordinario 2012

Aprender de los pobres Textos: 1 Re 17, 10-16; Hb 9, 24-28; Mc 12, 38-44.

La Palabra de Dios nos ofrece hoy el testimonio de dos viudas. Ellas se convierten en modelo de vida para nosotros. Sufriendo la pobreza extrema, fueron capaces de desprenderse de todo lo que tenían para vivir con tal de que los demás tuvieran vida. A la viuda de Sarepta le quedaba solo un puñado de harina y un poco de aceite; la viuda que aparece en el Evangelio contaba únicamente con dos monedas, de muy poco valor, como dos monedas de diez centavos de hoy.

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Homilía para el 31er domingo ordinario 2012

La felicidad Textos: Dt 6, 2-6; Hb 7, 23-28; Mc 12, 28-34.

En nuestros días casi todo el mundo pone la felicidad en el dinero, las tarjetas de crédito, la casa, el carro, la ropa de marca, los celulares y las computadoras más nuevos, el alcohol, la droga, el sexo; hay quien se siente feliz aprovechándose de los demás, sacando ventajas, golpeando, haciendo tranzas. La Palabra de Dios nos dice en qué consiste la verdadera felicidad: en poner en práctica los mandatos de Dios, que Jesús sintetiza en el mandamiento del amor.

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